domingo, 5 de enero de 2014

Objetivos de la educación - 1ª parte

TEMAS EDUCATIVOS
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Objetivos de la educación
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Primera parte
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Ramón Quiñonero, autor del presente escrito

No es la mejor educación aquella que engendra y genera propósitos que ocultan ciertos educadores a los educandos. Para ellos, lo importante y el auténtico origen y sentido que tiene el impartir docencia, es la conculcación de las normas legales.

En las Illes Balears, grupos minoritarios que, no forman parte del ejercicio pedagógico, -conectados en fusión y admirable urdimbre con docentes catalanistas de toda grey- pretenden con obstinación, forzar en las escuelas públicas una enseñanza basada en inocular a los niños una pedagogía calcada de la que en Cataluña se viene impartiendo desde hace más de treinta años.

Estos doctrinarios "pedagogos" reniegan de la misión que las leyes del Estado les asigna, menosprecian a quiénes   les retribuimos vía impuestos y encima exigen que aplaudamos su sistema "educativo" y su insurrección. 

Contraponen al sagrado derecho de los niños a la enseñanza, a sus propios intereses de poder ideológico y de lo que parece una orgía de veneración a unos iluminados gobernantes de Cataluña, enfrascados en un proceso de secesión de España. 

Una cosa es ser docente y otra merodear el ámbito de una depurada indecencia. Todo es un desfile de despropósitos descalabradores. Una estrepitosa caída del crédito, de la dignidad, del prestigio, de la fama. Es caer en una deshonra gratuita. 

Esta introducción no tiene más sentido que el de hacer un recorrido por las distintas etapas por la que los seres humanos discurrimos en nuestro periplo existencial.

A este fin me propongo diseccionar la infancia, pubertad, adolescencia, primera juventud, madurez y tercera edad, en base a estudios sobre sistemas educativos de Inglaterra y Finlandia y de lo que manifiestan expertos en pedagogía y psicología.

Vale la pena reconducir el tema a sus orígenes. Los derivados del legado clásico, recuperado plenamente del saber de Grecia, asimilado por Roma del helenismo en el terreno docente, en especial gracias a Cicerón, principal impulsor de la llamada "humanitas romana", asumido también por el cristianismo una vez tamizado y filtrado.

Aristóteles decía que "La educación consiste en dirigir los sentimientos de placer y dolor hacia el orden ético".

Otros clásicos como Platón, Sócrates, Séneca y contemporáneos como Unamuno, Joaquín Ruíz Giménez (ministro de educación de España en 1951) por no citar a otros, dejaron constancia de que el objetivo de la educación es: 

 1. El de incentivar el proceso de estructuración del pensamiento, de la imaginación creadora, las formas de expresión personal y de comunicación verbal y gráfica.

 2. El de favorecer el proceso de maduración de los niños en lo sensorio, la manifestación lúdica y estética, el crecimiento socio-afectivo, la iniciación deportiva y artística y los valores éticos.

 3. Estimular hábitos de integración social, de convivencia grupal, de solidaridad y cooperación y de conservación del medio ambiente.

 4. Desarrollar la creatividad de la persona.

 5. Fortalecer la vinculación entre la institución educativa y la familia.

 6. Prevenir y atender las desigualdades físicas, psíquicas y sociales, originadas en diferencias de orden biológico, nutricional, familiar y ambiental.

 7. La educación, como concepto, es un proceso de socialización y endoculturación de las personas a través del cual se desarrollan capacidades físicas e intelectuales, habilidades, destrezas, técnicas de estudio y formas de comportamiento ordenadas con un fin social (valores, moderación del diálogo-debate, jerarquía, trabajo en equipo, regulación fisiológica, cuidado de la imagen).

 8. Los educadores deben prescindir de actuar ideológica y políticamente, evitar la manipulación sectaria sobre los alumnos y en consecuencia, deben ceñirse al plano intrínseco de lo que representa una educación íntegramente neutral.

 9. La escuela, los maestros y el sistema educacional deben obligatoriamente dirigir sus esfuerzos, de acuerdo con sus competencias básicas, a la construcción individual del conocimiento sin paliativos, basado en una educación de buena calidad para desarrollar el aprendizaje de los alumnos. No deben ser propósitos, sino metas.

10. Los clásicos hacían especial hincapié -y así debe ser- en lograr que todos los niños adolescentes del país tengan las mismas o similares oportunidades de cursar y concluir con éxito la educación básica, para así conseguir los aprendizajes que se establecen para cada grado y nivel, pues argüían que son factores fundamentales y determinantes para sostener el desarrollo de la NACIÓN. Apostillaban que la historia de la educación se ha de ceñir a la división de las edades del hombre.
Grabado de la enseñanza en Grecia

11. El educador debe promover el desarrollo intelectual y cultural del educando y prescindir de la INDUCCIÓN. Por eso, decían, que es muy importante diferenciar la EDUCACIÓN  de la "forzada e inculcada instrucción o del adoctrinamiento".

12. Decían que en la educación, el ser humano es un sujeto activo que, en gran medida, se guía por la INDUCCIÓN o incluso también del RAZONAMIENTO ABDUCTIVO, aunque principalmente por la DEDUCCIÓN.

13. En cambio, el sujeto de la instrucción o de un adoctrinamiento es aquel que solo repite la información, ya sea correcta o errónea, que se le inculca. De ahí la importancia de que el maestro se sujete a las normas éticas que le exige su profesión.

14. En resumidas cuentas, la GENUINA EDUCACIÓN es un aprendizaje (learning en inglés) abierto, que va más allá de ESQUEMAS PRECONCEBIDOS y que tiende a favorecer el desarrollo de la conciencia, la razón y la inteligencia de cada educando. Estas cualidades son el mejor desempeño de cada persona educada para llevar a cabo, en lo posible, su óptima forma de vivir una vida culta en sociedad.

No parece, empero, que estas precisas y bellas normas de conducta de los maestros clásicos y de los inteligentes contemporáneos, acerca de los objetivos que se precisan para impartir una educación adecuada, sean los objetivos preferidos de los maestros catalano-secesionistas.

             Ramón Quiñonero Solano

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